28 de octubre de 2013

MATAR A LINCOLN (Bill O'Reilly, Martin Dugard)


De los libros que he leído recientemente pocos han despertado mi curiosidad. No he acertado.  Uno de León Tolstoi, seguido de otro de Iván Turgueniev,  hasta otro de Mario Vargas LLosa que no pude terminar. Los entendidos dicen que este de Vargas LLosa es muy bueno, no lo pongo en duda, faltaría más, lo intentaré otro año.

El último que leí es el objeto de la presente entrada,  --Matar a Lincoln--.  Extensa lectura,  que de ser sincero no es que me haya entusiasmado, pero si es atrayente y puedo sacar algunas referencias y conclusiones de el.

Se trata de un thriller supuestamente histórico, sin duda basado todo ello en hechos reales, sin embargo pienso que los detalles, las conversaciones, los pensamientos e interpretaciones puestos en boca y mente de los protagonistas son totalmente novelados. Es posible que esté equivocado, pero esa es la impresión que la lectura de este drama me ha proporcionado.
Los hechos dramáticos que se narran tuvieron lugar en el invierno y sobretodo en la primavera de 1865, período del final de la guerra civil norteamericana. Los industrializados estados del norte (la Unión), contra los estados del sur, más recientemente formados y que proclamaron su independencia (los Confederados). Una trágica contienda en la que al final la victoria fue para la Unión, aunque me da la impresión que no borró los casos de esclavitud.  La mentalidad de la gente no se cambió por el hecho de firmar un tratado de paz y unas nuevas leyes que no gustaban en buena parte de los estados perdedores.  Todo ello sirve de marco histórico para el extenso relato de lo que fué la preparación y puesta en escena del asesinato del presidente unionista Abraham Lincoln, hecho que aconteció precisamente en un teatro (el Ford), pocos días después de haber ganado la guerra.

Lincoln en un campamento militar unionista

El autor Bill O'Reilly hace un buen trabajo con la narración del climax  final de la guerra, las escenas sobre las últimas batallas son sumamanete descriptivas, la caída de Richmond, continuando con la rendición de Lee y los detalles de la firma del tratado de paz. Lo que sigue a continuación es el relato de la celebración unionista en todas las ciudades afines, entre ellas como no, la de Washington, donde acontece el crimen.  Para pasar ya a tratar sobre la desesperación y maquinaciones del asesino John Wilkes Booth junto a su clan conspirador. Se sugiere en algunos puntos que a ese clan pudieron pertenecer algunos colaboradores del propio presidente, tales como el Secretario de Guerra, Stanton. Nunca se aclaró.
Ya en los primeros días de esta sangrienta guerra tuvo lugar una premonitoria frase de Lincoln al manifestar durante una entrevista a una periodista "Acabe como acabe la guerra, tengo la sensación de que no duraré mucho más allá de su fin" como así fué. Duró hasta el 15 de abril de 1865. Da la sensación de que Lincoln soñaba con su propia muerte con una claridad incuestionable, algo sorprendente.

Los generales Grant y Lee firmando la rendición Confederada

Para ser justo, reconozco que el libro es absorbente y muy fácil de leer. Autor y co-autor (M.Dugard) escriben en un estilo bastante atractivo. Una buena narración histórica.  Tuve la impresión de que usan deliberadamente un exceso de especulación, diciendo que la gente y protagonistas hicieron,  dicieron y pensaron cosas que realmente me cuesta imaginar que nadie sepa a ciencia cierta todos estos detalles.  No aportan documentación al respecto por tanto lo considero una licencia literaria.
Dicen que Lincoln habría sido mucho mejor presidente para llevar a cabo la reconstrucción del país que Andrew Johnson, había luchado duro para ello, tenía fuertes convicciones. Probablemente tenía mil ideas en la cabeza para poner en práctica.  Todas se fueron al traste con su muerte, sin duda un golpe de timón histórico que nunca sabremos que hubiera podido representar para el futuro de todos. Sin duda un momento trascendente en la historia de los Estados Unidos.


Portada del libro
Sin haberme entusiasmado me agradó el libro, cierto es que me gusta la historia, por lo cual me pareció una lectura entretenida y educativa. A pesar de que uno conoce el resultado final, hay momentos en que se lee como una novela de suspense. Deja entreveer en su parte final que hay diversas teorias acerca de la conspiración y sobre la participación o no de determinados personajes.  Tuve la impresión que en este libro se intenta encadenar todos los eventos conocidos, algo que se consigue. 


Los más memoriosos se acordarán de Noviembre de 1963,  sí del día 22 concretamente, el presidente Kennedy acribillado a balazos en su coche descapotable. Muchos de los que en aquel entonces ya caminábamos por este mundo, nos acordamos del momento y circunstancia en que recibimos la noticia. Quedan muchas dudas por resolver, en ambos casos, francotiradores, teorías conspiratorias y sobretodo sombras. Dentro de cien años aparecerá algún libro que lo explicará todo con absoluto detalle. Lo deplorable es que será otra novela. Sí, a Kennedy al igual que a Lincoln también le sucedió un tal Johnson. Y ambos períodos presidenciales de estos suplentes fué breve y poco eficaz ¿curioso verdad?

Datos sobre Abraham Lincoln:  http://es.wikipedia.org/wiki/Abraham_Lincoln

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14 de junio de 2013

Habana Jazz Club ( Lola Mariné )


Acabo de terminar la lectura de este libro. Me ha cautivado este triste relato.

Trata de una chica cubana llamada Billie (en recuerdo a la cantante de jazz Billie Holiday), que vive feliz con su familia en la Habana. Ha heredado de su madre ciertas aptitudes para la música y también una bonita voz, sin embargo sus ambiciones artísticas no tienen salida en un pueblo atado de pies y manos por un sistema dictatorial.

Billie Holiday (1915-1959)

Este afán de prosperar, triunfar como cantante y ser famosa la lleva a abandonar su isla de Cuba. Nada más casarse y a escondidas de sus padres emprende la huida. Su objetivo era Miami, pero a instancias de su marido acaba en España.

Una vez en Madrid sus anhelos de ser feliz y ganarse la vida con un trabajo digno se ven tempranamente truncados y amenazada por la explotación sexual y la discriminación, su existencia va de mal en peor. La dependencia económica de su marido no hacen más que agravar su situación.

Otras penosas y desgraciadas circunstancias la abocan a un escape repentino, abandonándolo todo. Con lo puesto y sin documentación malvive en las calles de Barcelona.

Dicen que el trabajo es la mejor herramienta para combatir la pobreza, pero primero hay que encontrarlo. Billie a pesar de buscarlo con desesperación no da con uno decente, hasta que una persona de las que cada vez abundan menos, le ofrece su ayuda. Todo cambiará a partir de este encuentro.

Malecón de La Habana

La autora del libro se llama Lola Mariné. Es una obra fácil de leer, sin florituras. La redacción, el ritmo y el estilo me gustaron. La trama es algo previsible, pero ¿Acaso no son predecibles este tipo de situaciones?, ¿Cuántos casos reales, similares o peores se dan en estos mismos momentos?

El trauma de Billie, su soledad, acompañan al lector. Ciertos personajes ayudan en la digestión de los hechos discriminatorios y amargos, suavizando la vida de la protagonista. A medida que vas pasando páginas te sientes identificado con los infortunios que se exponen.

Y hasta aquí les cuento, so pena de comentar en demasía.

Leí el libro en mi Kindle, comprado en la página de Amazon, aunque pienso que también se ha publicado en papel impreso.

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15 de enero de 2013

El diablo de la botella - Robert. L. Stevenson


Había una vez un habitante de la isla de Hawai, al que voy a llamar Keawe; con ansias de conocer nuevas tierras.  Un día decide viajar a San Franscisco, ciudad norteamericana, en la costa del Pacífico.
Una vez allí, paseando por la parte alta de la ciudad, se queda parado admirando una casa hermosa, situada en una colina,  llama poderosamente su atención por su belleza, su esplendor, así como por las bonitas vistas de que dispone sobre la ciudad y la bahía.
En un momento dado, otra cosa llama poderosamente su atención, quedando su mirada fija en una de las ventanas de la casa. Un hombre de aspecto sombrío y triste está mirándole a él. Sin apartar la vista el uno del otro, Keawe se acerca hasta el morador de la casa. A partir de aquí transcribiré de forma textual la conversación entre ambos, dado que en ella radica el nudo del cuento de Stevenson.

"Es muy hermosa esta casa mía, le dijo el  hombre, suspirando con amargura. ¿No le gustaría ver las habitaciones?.
Y así fue como Keawe recorrió con él la casa, desde el sótano hasta el tejado; todo lo que había en ella era perfecto en su estilo y Keawe manifestó su gran admiración.
Esta casa -dijo Keawe- es en verdad muy hermosa; si yo viviera en otra parecida me pasaría el día riendo. ¿Cómo es posible, entonces, que no haga usted más que suspirar?.
No hay ninguna razón -dijo el hombre-, para que no tenga una casa en todo semejante a ésta, y aún más hermosa, si así lo desea- Posee usted algún dinero, ¿no es cierto?
Tengo cincuenta dólares -dijo Keawe-, pero una casa como ésta costará más de cincuenta dólares.
El hombre hizo un cálculo.
Siento que no tenga más -dijo-, porque eso podría causarle problemas en el futuro, pero será suya por cincuenta dólares.
¿La casa?, preguntó Keawe.
No, la casa no -replicó el hombre-; la botella. Porque debo decirle que aunque le parezca una persona muy rica y afortunada, todo lo que poseo, y esta casa misma y el jardín, proceden de una botella en la que no cabe mucho más de una pinta.
Y abriendo un mueble cerrado con llave, sacó una botella de panza redonda con un cuello muy largo; el cristal era de color blanco como el de la leche, con cambiantes destellos irisados en su textura. En el interior había algo que se movía confusamente, algo así como una sombra y un fuego.
Ésta es la botella -dijo el hombre; y,cuando Keawe se echó a reír, añadió-: ¿No me cree? Pruebe usted mismo. Trate de romperla.
De manera que Keawe cogió la botella y la estuvo tirando contra el suelo hasta que se cansó; porque rebotaba como una pelota y nada sucedía.
Es una cosa bien extraña -dijo Keawe-, porque tanto por su aspecto como al tacto se diría que es de cristal.
Es de cristal replicó el hombre, suspirando más hondamente que nunca, pero de un cristal templado en las llamas del infierno. Un diablo vive en ella y la sombra que vemos moverse es la suya, al menos lo creo yo. Cuando un hombre compra esta botella, el diablo se pone a su servicio; todo lo que esa persona desee, amor, fama, dinero, casas como ésta o una ciudad como San Francisco, será suyo con sólo pedirlo. Napoleón tuvo esta botella, y gracias a su virtud llegó a ser el rey del mundo; pero también él la vendió al final y fracasó. El capitán Cook también la tuvo, y por ella descubrió tantas islas; pero también él la vendió, y por eso lo asesinaron en Hawaii.


Porque al vender la botella desaparecen el poder y la protección; y a no ser que un hombre esté contento con lo que tiene, acaba por sucederle algo.
Y sin embargo, ¿habla usted de venderla? -dijo Keawe.
Tengo todo lo que quiero y me estoy haciendo viejo -respondió el hombre-.
Hay una cosa que el diablo de la botella no puede hacer... y es prolongar la vida; y, no sería justo ocultárselo a usted, la botella tiene un inconveniente; porque si un hombre muere antes de venderla, arderá para siempre en el infierno.
Sí que es un inconveniente, no cabe duda -exclamo Keawe-. Y no quisiera verme mezclado en este asunto. No me importa demasiado tener una casa, gracias a Dios; pero hay una cosa que sí me importa muchísimo, y es condenarme.
No vaya usted tan deprisa, amigo mío -contestó el hombre-, Todo lo que tiene que hacer es usar el poder de la botella con moderación, venderla después a alguna persona como estoy haciendo yo ahora y terminar su vida cómodamente. 
 (.....)
¿Cómo sé que todo esto es verdad? -preguntó Keawe.
Hay algo que puede usted comprobar inmediatamente -replicó el otro-. Deme sus cincuenta dólares, coja la botella y pida que los cincuenta dólares vuelvan a su bolsillo. Si no sucede así, le doy mi palabra de honor de qué consideraré inválido el trato y le devolveré el dinero.
¿No me está engañando? -dijo Keawe-
El hombre confirmó sus palabras con un solemne juramento.
Bueno; me arriesgaré a eso -dijo Keawe-, porque no me puede pasar nada malo.
Acto seguido le dio su dinero al hombre y el hombre le pasó la botella.
Diablo de la botella -dijo Keawe-, quiero recobrar mis cincuenta dólares.
Y, efectivamente, apenas había terminado la frase, cuando su bolsillo pesaba ya lo mismo que antes.
No hay duda de que es una botella maravillosa -dijo Keawe.
Y ahora muy buenos días, mi querido amigo, ¡y que el diablo le acompañe! -dijo el hombre".

Así dan comienzo las aventuras y desventuras de Keawe, narradas en este enigmático cuento de Stevenson que publicó inicialmente en el diario El Heraldo de Nueva York en 1881. La compra, la venta, la re-compra, vicisitudes y acontecimientos en los que se ve envuelto Keawe. Eso forma parte de la trama que el lector podrá seguir a lo largo del libro. Por supuesto no voy a desvelar el final para no fastidiar al lector.

Esta lectura me ha recordado al personaje de Fausto. Sí, el de la leyenda alemana que hace un pacto con el diablo, cediéndole su alma a cambio de conocimientos ilimitados y placeres mundanos. La botella me sugiere otros cuentos como el de "Aladino y la lámpara maravillosa" , en el que un genio con poderes sobrenaturales se encuentra encerrado en aquel recipiente, dispuesto a favorecer las peticiones del que se digne a frotar la lámpara.



Me da la impresión de que a día de hoy muchos no creen en el diablo. Nada más considerar mi entorno más cercano, así lo afirmaría.
Víctimas propiciatorias ya que es posible que esté más presente que nunca. Personas que a causa de su incredulidad son más propensas a echarse en sus redes sin dudarlo.

El diablo nos acosa sutilmente, con pequeños pasos, con el propósito de minar nuestras creencias y nuestros valores. Puede adoptar innumerables formas, por supuesto no siempre vendrá embotellado. Puede dedicarse a la política, a los negocios, disfrazarse de hipoteca. El dinero es uno de sus disimulos preferidos, y todo lo que a uds. se les ocurra imaginar, con tal de seducir, engatusar y obtener clientes.

Percibo que hoy sería sumamente fácil vender una botella como la del cuento. Bofetadas y mamporros habría para hacerse con ella.

De cualquier modo, conviene tener presente que la mayor arma del diablo es hacernos creer que no existe.


Robert Louis Stevenson

El autor :

R. L. Stevenson (Edimburgo, 13/11/1850 - 03/12/1894, Vailima - Samoa).


Es recordado como uno de los grandes contadores de historias. Pronto se convirtió en un hombre admirado y respetado en su época, algo que no siempre es habitual.

De joven viajó mucho en compañía de su padre, ello puede haber contribuido a desarrollar su imaginación
.

Fue un hombre de salud frágil. Nunca le gustó el frío y húmedo clima de las islas Británicas. Vivió en Francia, posteriormente el EUA (Colorado). 

Finalmente decidió establecerse en Samoa, allí permaneció el resto de sus días. Murió a la edad de 44 años, probablemente de una repentina y fatal hemorragia cerebral. Persona muy apreciada por la población local, fué enterrado en lo alto de una montaña, con una hermosa vista al mar. Un mar protagonista de tantas de sus páginas.

Otras obras suyas muy conocidas son:

- La isla del tesoro
- La flecha negra
- El extraño caso del doctor Jekyll y míster Hyde
- El señor de Ballantrae


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